Puede suceder que la carrera de hoy en Pekín comience -y también termine- exactamente cuando usted haya terminado de leer las primeras veintisiete palabras de este artículo. Cuando haya llegado a este primer punto. Le llevará algo menos de 10 segundos. Y cuando la carrera termine, si no finalizó ya, habremos sabido acaso si el deporte le habrá ganado a la trampa. Al menos así nos lo han dicho y escrito los máximos especialistas del tema. ¿Cómo no creer que Usaín Bolt es nuestra bandera si el hombre ha ganado lo que nadie en la disciplina reina del deporte que es madre de todos los demás deportes? ¿Y lo ha hecho también en otras distancias y siempre con clase, autoridad y carisma? Sea cual fuere o ya haya sido el resultado de su carrera de hoy contra Justin Gatlin, hay que decir que, al menos en la previa, el morbo ganó la primera batalla. Porque en estos últimos días casi no se recordó que el escenario de hoy, el Estadio Nacional de Pekín, es el mismo en el que Bolt inició su viaje a la luna. Fue en los Juegos Olímpicos de 2008. Bolt tenía apenas 21 años. Ganó bajo la lluvia con record mundial de 9,72 segundos. De allí en adelante ganó nueve de 10 oros en cada Mundial y Juego Olímpico. Acaso el mejor de todos los tiempos. Sin embargo, no fue él la gran figura en la previa de hoy en Pekín.
Gatlin, nuestro villano, venía de ser el rey de los 100 metros con su oro de Atenas 2004. Pero no pudo defender el cetro en Pekín 2008 contra Bolt. Lejos de China, Gatlin daba charlas en escuelas de Estados Unidos. Parte del acuerdo al que llegó con la Agencia Antidoping de Estados Unidos (USADA). Le habían detectado un control positivo en 2006, cuando estaba en su apogeo, con 24 años. Segundo caso luego del primero de 2001, por el que le redujeron la sanción de dos a un año, porque le creyeron que el doping de anfetaminas fue producto de una medicación que tomaba desde niño. Correspondía en 2006 suspensión de por vida por reincidencia. Alegó inocencia (supuesta venganza de un masajista que le aplicó una crema con testosterona), apeló, renunció al récord mundial de 9s77, colaboró con la investigación y logró que la sanción quedara reducida finalmente a cuatro años, de 2006 a 2010. Gatlin se había iniciado en el deporte jugando fútbol americano, la disciplina acaso de mayor cultura con los anabólicos entre las millonarias ligas de Estados Unidos. Y su entrenador cuando saltó el doping de 2006, Trevor Graham, terminó tan implicado en otros casos de doping con otros atletas que él sí terminó siendo expulsado del atletismo de por vida. Gatlin tiene hoy nuevo entrenador. Se llama Dennis Mitchell. Es un ex atleta que sufrió suspensión de dos años porque dio elevados niveles de testosterona. Con Mitchell, en 2012, Gatlin se convirtió en el primer atleta de 30 años, edad del declive para la mayoría de los velocistas, que corrió los 100 metros por debajo de los 9.80 segundos. En 2014, 32 años en su documento, bajó a 9s77 y cerró la temporada invicto. Y este mismo 2015, ya con 33 años, bajó a 9s74. Como se escribió alguna vez sobre otro deportista: “¿épica o química?”.
Ayer sábado, Gatlin confirmó los pronósticos y fue el más veloz de todos en la clasificación para la final de hoy. Corrió los 100 metros en 9s83 y sugirió que hoy hasta podría bajar su mejor marca de 9s74. Bolt anotó ayer 9s96, superado incluso por otro estadounidense de 20 años (Trayvon Bromell, 9s91), pero se declaró “en gran forma” para la final. Hubo aplausos para Bolt y silbidos para Gatlin. El Nido del Pájaro, si faltaba algo, es además el escenario perfecto. Impresionó ayer ver otra vez su magnitud. Difícil que vuelvan a construirse estadios olímpicos tan gigantescos. Si hasta los organizadores de los Juegos de Tokio 2020 informaron días atrás que redimensionarán el suyo. Mantener anualmente al de Pekín cuesta unos 11 millones de dólares al año. Después de los Juegos albergó trescientos eventos, final de Supercopa italiana de fútbol, parque temático de Juegos de Invierno, carreras de Fórmula E, conciertos, conferencias y hasta fiestas populares. Tiene un Museo Olímpico, con figuras con todos los presidentes del Comité Olímpico Internacional (COI), desde el mítico fundador barón de Coubertin, hasta el arrogante millonario estadounidense Avery Brundage que le dio los Juegos de 1936 a Hitler. Y, más moderno, el español Juan Antonio Samarach que llevó los Juegos de 2008 a Pekín. Ya estará también el ex velocista británico bicampeón de los 1500 metros en los Juegos de Moscú 80 y Los Angeles 84. Se llama Sebastian Coe. Ganó la última semana las elecciones al formidable ex garrochista Serguey Bubka y es el nuevo presidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF). Más de uno apuesta a que, en algunos años más, será el nuevo presidente olímpico.
Coe, que trabajó en una empresa que hizo negocios con los Juegos Olímpicos de Londres 2012 de los que él fue cabeza organizadora, tiene un antecedente difícil, generosamente omitido por buena parte de la prensa que saludó su asunción por el simple hecho de que es un ex atleta. Coe fue presidente de la Comisión Ética de la FIFA y no se le recuerda que haya denunciado a Joseph Blatter o a sus socios en los peores tiempos de corrupción en el fútbol. Hubo dirigentes que, según se comprobó en sede judicial, recibieron sobornos. Otros que vendieron su voto de sede de algún Mundial. Otros que se quedaron con fondos que debían ser para construir obras. Y otros que hasta se quedaron con dinero de premio de sus jugadores. Coe no pidió que echaran a nadie. Fue parlamentario conservador británico hasta 2007. Y en 2000 la reina Isabel lo designó Lord. Pero Coe, como un Blatter cualquiera, prometió un pago extra de 100.000 dólares a cada una de las 214 Federaciones que participaron de la última elección en la IAAF. Él, como también hace Blatter cuando defiende a “la familia del fútbol”, llama a su gente del atletismo la “IAAF Family”. Coe tuvo otro “momento Blatter” aún más difícil. Sabemos que en las últimas semanas han saltado gravísimas revelaciones que sugieren que la propia IAAF pudo haber encubierto decenas y decenas de casos de doping de campeones olímpicos y mundiales. Las investigaciones del Sunday Times y de la cadena alemana ARD se basaron en documentos oficiales. ¿Cuál fue la primera respuesta de Coe ante las primeras revelaciones? “Le han declarado la guerra a mi deporte”.
Coe reaccionó no sólo como Blatter cada vez que saltaba un escándalo de corrupción. Así reaccionaba también la Unión Ciclista Internacional (UCI) cuando defendía a Lance Armstrong. El nuevo presidente del atletismo mundial cerró filas con los suyos. Descalificó inclusive a los dos renombrados especialistas que hablaron para el Sunday Times y para la cadena ARD y que dieron conclusiones demoledoras sobre el doping escondido del atletismo en la última década. Ya hay especialistas que aseguran que, aún cuando Gatlin pudiera no doparse más, podría estar beneficiado por su viejo consumo de doping. Fibras musculares beneficiadas por aquella preparación tramposa. Son especialistas que dicen que, el único modo de evitar meter a todos en la misma bolsa de la sospecha, es que, por un lado, se acepten competencias exclusivas para atletas que recurran al doping, acaso promocionados en sus camisetas por firmas farmacéuticas que preparan las recetas mágicas. En el otro lado, competirían los atletas libres de toda sospecha. Suena ingenuo, es cierto. Peor aún, los más escépticos temen que no haya inscriptos para esta segunda carrera.